Los seres humanos solemos rodearnos de personas, cuyo vínculo varía de acuerdo a la cercanía. Con algunas forjamos una amistad que, al igual que otros tipos de vínculos entre personas, debe ser dinámica para que evolucione y se produzcan diversas adaptaciones. No obstante, en pleno cambio es probable que algunas personas se queden en el camino.

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No te aflijas por las personas que se van

El apego es totalmente perjudicial cuando continuamos manteniendo una relación en base a algo que en su momento fue, pero ya no. La alianza se convierte en un espejismo y esto genera un enfrentamiento que realmente no merece la pena.

No es verdad decir que la distancia disminuye el cariño o la calidad de la relación, como así tampoco lo hace la rutina cuando la compañía del otro incrementa nuestro bienestar. Muchas relaciones van deteriorándose porque una de las partes, o bien, las dos dejan de cuidarla.

Cuando las parejas o amistades son similares, es probable que se establezca una relación estable y duradera. Las personas que quedan son las valen; las que se van, estaban demás, y no por ello hay que afligirse, claro que no. Hay que asumir los cambios en las relaciones como una especie de muda para nuestra piel.

Como consejo: deja que las personas que quedan sean las que te aporten alegría y bienestar, y permite se vayan las que ya nada aportan, aunque hayan estado mucho tiempo contigo.

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