Cuando una puerta se cierra, porque lo que estamos recibiendo no encaja con lo que queremos y ya no quedan ganas de continuar luchando, el universo se abre y las oportunidades también, pero estas no llegan por arte de magia, para que todo suceda es necesario poner en marcha diversos mecanismos internos.

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Todos solemos, en muchas ocasiones, sintonizar el mismo canal emocional, es decir, el del apego a lo que se ha perdido, el recuerdo de lo no logrado, la amargura de tantas desilusiones y la angustia. Aunque conocemos esas sensaciones, a veces solemos dejar las puertas entreabiertas “por si acaso”. Sin embargo, esto no nos hace bien y nos desequilibra emocionalmente.

¿Por qué nos cuesta tanto cerrar una puerta?

Cerrar una etapa es saber renunciar y muchos no se encuentran preparado para ello. No obstante, si pensamos en este acto de valentía, realmente nos daremos cuenta que estamos madurando, creciendo y cerrando puertas que no nos iban a llevar a ningún lado.

Para lograrlo es fundamental dialogar con uno mismo y preguntarse qué nos aferra o detiene para cerrar esa etapa. También hay que ponerles nombre a los miedos y racionalizarlos.

Enfatiza en tus valores y virtudes y visualiza dónde y cómo deseas estar de aquí a seis meses. Camina sin rencores y cierra la puerta, para que el universo se abra y te traiga nuevas y asombrosas oportunidades. ¿Te animas? Deja tu comentario.

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